Los sábados de Julio me despierto tarde.Me fascina la tranquila algarabía que se respira en la calle.Por la ventana entra el silbato del afilador que me hipnotiza y las señoras vuelven ya del mercado con sus carritos rolser y sus nectarinas de oferta.

Al rato pasa el tapicero anunciando que tapiza sillas,sillones, y mecedoras ( mecedoras! )
Las familias van a la piscina con los tuppers y el griterío incesante, y los niños se tirarán a bomba, tragarán agua con cloro y harán la digestión después de comer mojándose la nuca antes de entrar a bañarse.
Por la tarde después de la siesta toca helado y paseo, y ya en la noche iremos al cine de verano a ver alguna de acción doblada al castellano.
El ruido del papel de plata de los bocadillos y el sonido de la otra pantalla que se mezcla con la película que estamos viendo ,es fundamental para completar la experiencia. Unos pandilleros gritan en el parque de al lado y las señoras les chistan para que bajen la voz. Suenan pipas, kikos y el correr de las sillas de plástico contra el suelo de cemento.
Adoro mi barrio,especialmente en verano.Es como un pueblo, con sus tempos lentos y su vida bullendo en cada rincón.
Mientras el afilador y el tapicero sigan despertándome por la mañana, sé que hay cosas de mi mundo , que siguen intactas
#veranoenelbarrio