A menudo reflexiono sobre el proceso creativo, porque es a lo que me dedico desde que nací. Es de hecho a lo que nos dedicamos todxs, lo sepamos o no. Crear es un proceso cotidiano que realizamos cada día. Somos creadorxs de cosas. De hecho, vivir es un acto creativo. La vida entera está hecha de creaciones mentales, artísticas, artesanas o de ninguna de ellas. Nótese que en ningún momento hablo de arte. El debate entre arte, artesanía o mamarrachez es cosa de otros. Prefiero usar la palabra creación que hace referencia al acto necesario para la supervivencia y desarrollo del individuo. También quisiera recalcar que, aunque lo creado es de vital importancia para el individuo que lo realiza, suele ser de escasa o nula importancia para el resto del mundo. Es decir, que crear no es importante pese a lo que el autor pueda pensar, es tan sólo un acto cotidiano que sucede simultáneamente en millones de lugares del mundo sin tener repercusión alguna, más que para el sujeto que lo crea. De hecho, en mi opinión, casi nunca creamos o inventamos nada, sino que ReCreamos a partir de lo aprendido y lo vivido.

Mi trabajo es y ha sido siempre la música. Los instrumentos en los que desarrollé mi carrera profesional fueron la batería y la percusión, que fueron una fuente de inmenso disfrute, pero también de exigencias, bloqueos y proyecciones neuróticas diversas. Hace unos años empecé a explorar terrenos dentro de la música que me eran ajenos. Empecé a cantar, componer y escribir sin ninguna expectativa, y lo que me permitió hacerlo fue la ausencia de presión y exigencia, porque éste no era mi ámbito profesional ni artístico. En mi opinión, la evolución y el crecimiento en cualquier ámbito es un acto de exploración pero sobre todo de permisión.

Así comencé a crear textos, melodías y composiciones de forma intuitiva sin hacer uso directo de mi formación, sino más bien jugando, explorando y encaminándome hacia un concepto con muy mala prensa y que yo defiendo fervientemente: el intrusismo. Entiéndase que soy defensora del intrusismo siempre y cuando no se desarrolle sobre una mesa de operaciones, un aula o un gabinete de psicoterapia.

Hecha esta salvedad, creo que permitirnos ser intrusos en el ámbito creativo explorando territorios ajenos o vetados por nosotros mismos, nos proporciona uno de los caminos hacia la libertad, porque nos confiere una impunidad que alivia el juicio y la exigencia.

Yo soy una intrusa de casi todo lo que hago. No me considero cantante, ni compositora, ni guitarrista, ni escritora, ni showoman, tan sólo desempeño mi actividad en estos ámbitos con mayor o menor fortuna. Gustaré, me odiarán, o tal vez resulte indiferente, pero aquí estoy, realizando este trayecto desde la creatividad de la mejor forma que sé.

Así pues, ¡creemos! Creemos sabiendo que no tiene importancia alguna, que no estamos inventando nada nuevo, que crear es un acto rutinario que sucede cada segundo en todos los rincones del mundo, que no vamos a impactar ni revolucionar el ámbito que estamos explorando. Creemos desde la honestidad y el gozo. Creemos sin miedo ni vergüenza, porque crear es el acto más propio del ser humano.

 

Este texto fue escrito  para El asombrario del Diario.es en Agosto de 2105.

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