JUSTICIA DE CARNAVAL.
Hace una semana que terminó el carnaval, aunque lejos de acabarse parece que se hubiera instalado en nuestras vidas. La justicia y el sentido común llevan en bucle carnavalero dos largas semanas.
En antropología se estudia el carnaval como la inversión del orden establecido, un periodo acotado de tiempo que subvierte el estatus quo desestructurando el orden social y creando una representación festiva del mundo al revés.
Por lo que se ve estamos ante un evidente caso de carnavalización de la justicia, porque en menos de dos semanas la desproporción, el amordazamiento y el recorte de libertades fundamentales campa a sus anchas por los juzgados.
Comenzamos con el triste episodio de los titiriteros, un capítulo vergonzante que ha sentado un peligroso precedente para todos los que desde un escenario representamos ficciones sobre la vida; la espada de Damocles está ya instalada sobre nuestras cabezas. Sin habernos repuesto del susto, esta semana hemos gritado a voz en cuello ‪#‎YoConRita al ver cómo pedían un año de cárcel a Rita Maestre por participar en una protesta estudiantil pacífica sucedida hace cuatro años en la CAPILLA de la MUY LAICA Universidad Complutense de Madrid.
Mientras tanto, el partido de Riverita y sus Cuñadanos pedían la cancelación del concierto de Deff Con dos en Valladolid por «prudencia» y «seguridad»-
Tengo la sensación de que nos están vacilando, de que están probando cuánto carnaval estamos dispuestos a soportar, cuánta inversión del sentido común y la decencia, cuantos recortes de libertades básicas estamos dispuestos a resistir.
Dicho en palabras de Caro Baroja: «Es el periodo carnavalesco un momento en que se conjura el mal, se entroniza la locura y se subvierte el orden establecido».
Por lo visto el carnaval ha llegado para quedarse; un carnaval sin pizca de humor, un carnaval grotesco y peligroso.